DICTADO URGENTE

Sin duda, era un balance muy completo.
Él hablaba a tanta velocidad que parecía como si, a ratos, le faltara el aire. El estrés era evidente en sus agotadas facciones.
Los ojos parecían salirse de sus órbitas.
Pasaba la lengua con frecuencia por la superficie de los labios, secos y cuarteados.
El sudor recorría su sien sin pudor.
Cuando hubo terminado, se apoyó bruscamente sobre el respaldo de su asiento de cuero y alzó la cabeza por un momento. Luego, como recordando de súbito lo más importante, golpeó el borde de la mesa con su brazo izquierdo.
La secretaria regresó sobre sus pasos.
El dictado aún no había concluído.
- Avise al consejo de administración de que no asistiré a la reunión de las once -le dijo mostrando un rictus de preocupación- Todo lo que he dispuesto deberá estar terminado para esa hora. Una copia de cada documento le será entregada a cada miembro del consejo.
Ella asintió con la cabeza.
- En el tercer cajón de mi archivo hay una carpeta con el perfil de los principales candidatos al puesto. He marcado en rojo los que me parecen más oportunos. Asegúrese de que tengan también una copia de esos currícula.
Se desanudó la corbata tembloroso. Durante un par de minutos permaneció en silencio. Ella temió que, por primera vez, estuviera a punto de perder el control sobre sí mismo.
Pero no fue así.
- Cuando hayan terminado de limpiar el despacho, recoja el sobre marrón que he dejado en mi bandeja de "asuntos personales" y proceda a cumplir las instrucciones que he detallado en los documentos incluídos.
Entonces pareció relajar todos sus músculos. Tan sólo un leve temblor en el mentón denotaba el estado de crispación en que se encontraba.
La miró directamente a los ojos. Luego se aferró al escritorio y dijo:
- ¿Crees que debo avisar a mi familia?
En veintitrés años de trabajo en común jamás la había tuteado.
Se sintió incomoda.
Perturbada incluso.
- ¿Crees que debo avisarles de que no iré a cenar? -insistió.
La secretaria respondió de forma casi automática.
- No es necesario. Ya están más que acostumbrados.
Volvió a recostarse en su asiento, más tranquilo, con la mirada perdida y el gesto ausente.
- Puede retirarse -agregó entre dientes.
Ella musitó una despedida de forma inaudible y salió del despacho.
Podía oirla a través de la sólida puerta de madera noble.
Podía escucharla descolgando el teléfono y tecleando nerviosamente.
Podía sentir como sus peticiones se llevaban a efecto de forma fluída y ordenada.
Poco a poco, el sonido fue alejándose de él. Pero la certeza de que todo se haría según había previsto le tranquilizaba.
- Otro trabajo bien hecho -murmuró, para sí, satisfecho.
Y acto seguido, expìró.

ANGELAZUL dijo
REALMENTE ME DAS MUCHO EN QUE PENSAR CON ESTE ESCRITO UNA GRAN REFLEXION HAS SEMBRADO EN MI Y LA ANALIZARE PARA PODER HACER UN BUEN COMENTARIO AL RESPECTO....
PORQUE PUEDE PASAR QUE COMENTE ALGO DE LO QUE AHORA EN ESTOS MOMENTOS VIENE A MI MENTE EN RELACION A ESTO .....
ME ENCANTA TODO LO QUE ESCRIBES PORQUE ES ALGO DE LO QUE NO SE HABLA EN OTROS BLOG
UN BESO APRA TI
ANGEL
11 Abril 2006 | 04:39 PM